ANTIFAZ

 

 

Era un mundo distinto, nada parecía normal. Recorrió muchos caminos que lo llevó a un castillo. Al entrar la soledad lo abrumaba, ella se adueñaba de los que visitaban el lugar, los hacía alucinar. Caían en un vacío, en un hueco sin fondo, daban vueltas en los aires como pájaros volando. Aparentaban ser Felices pero no lo eran, en sus fiestas con grandes trajes lucían y reían con la realeza. Así como, todos miraban con asombro cuando el forastero entró a ese palacio extraño. Mostraba su tímida sonrisa pero no era de alegría en el fondo solo fingía como todos lo que se encontraban ahí.

141 días, duró prisionero nadie podía salir hasta que despojaran sus más oscuros sentimientos. Él giraba sin parar, la locura lo hacía alucinar, no encontraba una razón para seguir viviendo con la soledad; sus máscaras se adhirieron a sus caras, no se las podían quitar. Cada uno representaba los falsos que eran en la realidad. Al mirarse en los espejos sus reflejos eran la nada. Ellos, no existían eran invisibles e inmortales.

En el fondo del castillo un ruido extraño sonaba cada vez más fuerte, que angustiaba al pobre muchacho. Una sombra se dirigía hacia donde él estaba. Era una mujer con voz melodiosa. Él la observó y quedo paralizado de horror, la conoció en otro universo muy lejano, su corazón era el que latía tan fuerte que se escuchaba en los pasillos por lo roto que estaba, ella vivía en el mar de las lágrimas.

Por otro lado, el hombre con su misma hipocresía le producía amnesia, se alimentaba del aire mientras mentía, y sus ojos eran felices de solo apariencias; decía una cosa y hacía otra. Era de dos caras, la real y el antifaz; como las personas del gran salón que no podían verse en los espejos porque sus almas estaban tan corrompidas de mentiras y engaños que los transformaban en seres invisibles. Él no sabía, lo que le había hecho a aquella dama. La primera vez que se conocieron en el mundo real, le rompió tanto el corazón que ella murió de inmediato. Cada vez, él se parecía al Dios del engaño Ápate.

Ella, gritó su nombre en el medio del desconsuelo mientras perecía, en sus ojos habitaba una lágrima del pasado, nada mas era un recuerdo de lo que le había ocurrido. En medio de su agonía y dolor, le pido a Osiris la Diosa de la muerte, verlo en el más allá. Para hacerle recordar el sufrimiento que le causó. La falsedad se camufla con amabilidad cuando algo le conviene.

La locura del forastero, aumentaba cada vez que ella llegaba, giraba en su mundo de tormento. Él quería volver a la realidad, pero aun llevaba la máscara de doble moral. Todo a su alrededor se derrumbaba y en sus bolsillos cargaba mentiras hechas piedras de tanta frialdad. De pronto giró en un vacío que lo llevó al mundo real. Todavía tenía 141 días para cambiar. Solo había sido un déjà vu, de lo que esta a punto de ocurrir .

María Eugenia Santiago.

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